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lunes 1 de marzo de 2010

Relato 98: Impotencia Natural

[José Enrique Serrano Expósito]
El extraño árbol bebió su abundante brebaje, hecho de agua del manantial y jugo de hojas de muchas plantas guardadas en su morada: Ya tenía alimento para el resto de la mañana.
-Saldré a cuidar mi bosque: los tallos vacilantes, los árboles recién nacidos, los bebés caídos de su casa... con la vista al sol de Levante.
Los pájaros revoloteaban alrededor del Árbol Andariego, quien, sonriente, a lo largo del sendero prodigaba sus cuidados a los tallos vacilantes, abonaba los árboles nacidos y volvía a su nido los pajaritos que se caían... contento al calentarse con el sol del Levante.

[Águeda]
Pero de pronto, el Árbol Andariego escuchó un ruido extraño, un sonido que nunca había escuchado en la Naturaleza. Movió su cabeza de ramas verdes y aguzó el sentido del oído, algo le decía que aquel ruido era en extremo peligroso. Salió del bosque con su paso tambaleante de coloso, estaba nervioso y se movió con prisa sin saludar al agua cantarina, su mejor amiga que lo miró preocupada y le mandó una sonora bendición.
El Árbol Andariego, alejado de lo profundo del bosque seguía el camino que el viento le señalaba y luego de mucho caminar se detuvo, había divisado al otro lado del río un grupo de extrañas criaturas que no conocía
-Son los hombres -le dijo el río con estruendo -vienen a talar el bosque con sus máquinas asesinas.
El árbol se estremeció y de su portentosa cabeza cayeron hojas secas.

[Gustavo Piñeiro]
Oculto detrás un abedul, el árbol Andariego logró divisar unos animales desconocidos. Se paraban sobre sus patas traseras, sus pieles tenían cuadros rojos y negros, y en sus patas delanteras... ¡Horror! ¡En sus patas delanteras tenían palas brillantes que vibraban y mataban árbol tras árbol de su bosque!

El Árbol Andariego salió de su escondite y, en su idioma, les gritó ferozmente que se detuvieran, que dejaran de mutilar a sus hermanos.

Los hombres lo miraron asombrados. Dudaron, se asustaron...

Hoy, el Árbol Andariego es parte del techo de la cabaña del capataz.


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sábado 27 de febrero de 2010

Relato 97: La visita del Dagra (parte 2ª)

[José Enrique Serrano Expósito]
Por fin el pequeñísimo libro estaba en la estantería. José Enrique lo tituló "La visita del Dagra". Desde su misteriosa visita ningún otro libro había entrado en su habitación. Lo dejó claramente a la vista, tumbado sobre uno de los anaqueles, y se fue a cenar.
Cuando regresó a su cuarto, encendió la luz e inmediatamente miró la estantería... ¡El librito no estaba!, los demás libros, sí.

[Adanamarth]
José Enrique lo busco detrás de la estantería, en los cajones, y en todo lugar que se le ocurrió. Sin embargo, el libro no apareció. Era como si hubiese cobrado vida y se hubiese ido o como si se hubiese esfumado de la balda.
Cansado de buscar José Enrique se acostó en la cama y se quedó dormido.
Mientras dormía soñó. Soñó con que viajaba lejos hacía occidente, sobre aguas marinas tranquilas, o quizá era en avión, cuando despertó no lo recordaba con claridad. Lo único que recordaba era a una chica joven de unos veintitrés años que le decía: "Ten cuidado con lo que escribes. Volverá. Y será el inicio de tu viaje como fue el inicio del mío". Era una chica de cabellos oscuros castaños y ondulados, con ojos del mismo color.
Al día siguiente, vio una foto en la prensa. Hacía tres años una chica había desaparecido en misteriosas circunstancias y por razones inexplicables y su familia la estaba buscando. Era la misma chica de su sueño.

[Anónimo]
José Enrique, no se asustó, sabía qué hacer. Y fue a buscar a su gran amigo Ángel, la persona que le había guiado en su acercamiento al mundo esotérico. Ángel era un hombre de unos 50 años, sencillo y amable. De esa clase de personas que te imaginas feliz en su hogar, con su familia. Pero nada más lejos de la realidad. Su facilidad para conectar con los seres de la quinta dimensión era asombrosa. José Enrique lo conocía desde hacía 10 años, cuando murió su madre.
Cuando le explicó lo que había ocurrido, la desaparición del librito, el sueño y la chica, Ángel invocó a sus guías espirituales y pronto vino a visitarles la chica de su sueño. Le explicó que hacía tres años había conocido al Dagra y que desde entonces estaba prisionera en su mundo. Que sólo José Enrique podía deshacer el hechizo. Tenía que encontrar el libro y terminar de escribirlo. "La visita del Dagra" era la última posibilidad de acabar con el misterio.
José Enrique volvió a su casa con el peso de esa gran responsabilidad. Ángel no había podido ayudarle más, él no podía saber donde había ido a parar el librito. Pero cuando José Enrique entró en su habitación se llevó una gran sorpresa. Allí estaba el librito, exactamente donde él lo había dejado la noche anterior. Lo cogió, releyó lo que había escrito, corrigió algunas frases y continuó con su historia. El Dagra había salido de su escondite y lentamente, al ritmo que marcaban las palabras del escritor, se daba a conocer al mundo, se mostraba rebelando sus secretos.
Tres semanas después el librito se había convertido en un cuento de fábulas con el Dagra como protagonista.
José Enrique sabía que había cumplido su misión y cuando puso el punto y final de aquella historia alguien llamó al timbre. Abrió la puerta y no se sorprendió de ver allí a la chica de su sueño. Se miraron y los dos esbozaron una sonrisa de complicidad. Un largo abrazo selló aquel primer encuentro.


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