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sábado 23 de mayo de 2009

Relato 28: Aspecto repelente

[Josefina Fuensanta]
El coche iba rodando por la carretera, los relámpagos se veían en el horizonte y el agua caía con una abrumadora fuerza, parecía que fuera el fin del mundo.
Al dar una curva había cesado de llover, las estrellas lucían en el firmamento. Me tranquilice de poder seguir mi viaje con un tiempo más apaciguado y sin tormenta. A lo lejos vi una brillante luz y pensé que todavía la tormenta no estaba lejos.
La luz se acerco con una rapidez asombrosa y en ella pude divisar un objeto brillante, cilíndrico y con muchas lucecitas alrededor. De pronto desapareció entre los árboles, pensé que era mi imaginación, pero al cabo de unos metros, unos hombres pequeñitos me interceptaron el camino. Me quede paralizada de miedo, abrieron el coche y con un gesto me invitaron a seguirlos. Llegamos a una explanada en la que se veía el extraño objeto, de él se deslizaba una luz a modo de rampa. Me hicieron subir por ella llegando a un amplio receptáculo, limpio de muebles y con numerosos ordenadores en las paredes, lucecitas que se encendían de distintos colores y se alternaban.
La rampa desapareció y una puerta se cerro tras de mi, me hicieron sentarme en un raro sillón en el que mi cuerpo casi sin gravidez se sentía relajado y bien acomodado.

[Harold Hidalgo]
De pronto la nave comenzó a elevarse, y vi desaparecer todo aquello que era común a mi existencia y me había acompañado durante toda mi vida, y me embarqué casi sin pensarlo en una nueva aventura.

Pocos segundos a la velocidad de la luz fueron suficientes para consumar el viaje hacia nuestro destino, el cual desconocía pero ansiaba desde iniciarme en esta loca travesía.

Era un planeta único, nunca había imaginado algo así, tan perfecto y controlado. La nave fue disminuyendo la altura, hasta tocar tierra en una especie de aeropuerto intergaláctico.

Las puertas se abrieron, pude ver la luz, y detallar la ciudad en la cual estaba, pero una luz blanca que se acercaba me fue aclarando la vista, hasta que en un instante no pude ver más, esa luz, de nuevo me dije, y no vi nada mas.

Pocas horas después, según calculé, había despertado. Mi cuerpo estaba adolorido pero entero, me sentía cansada y no había hecho nada, y aparte sentía mis huesos casi rotos.

Al mirar a mi alrededor el pánico me invadió. Cadáveres humanos y una gran cantidad de huesos dispersos me acompañaban en una habitación cerrada totalmente, con una sola ventana por donde una mínima luz entraba a perderse en la inmensidad de la oscuridad. Me pregunté: ¿Qué diablos hago aquí? ¿Por qué vine?

Odié el momento en que esa desgraciada luz entró a mi vida.

[Erath J.H.]
Pasaron varias horas hasta que tuve la fuerza para poder levantarme, avancé entre los huesos que crujían con cada paso que daba. Sin duda habían hecho experimentos con mi cuerpo, mis brazos estaban llenos de piquetes de distinto diámetro por el que salían hilillos de sangre y pus. Lo mismo mis piernas. Quizá ese era el lugar donde nos dejaban hasta morir, pero no estaba dispuesta a irme sin luchar.
De pronto, algo se movió en la oscuridad. El sonido de los huesos a mi alrededor era cada vez más fuerte, se acercaba. Retrocedí y caí al tropezar con un cráneo, un dolor espantoso recorrió todo mi cuerpo al fracturarme el brazo. Con el otro busqué en el suelo algo con que defenderme hasta sentir algo lo bastante grande para hacerlo.
El único hilo de luz que penetraba la habitación iluminó aquel ser que se lanzaba hacia mí. Levanté el hueso de fémur y sentí como se encajaba en el aquel cuerpo baboso y pestilente. Luego un sonido desgarrador y este empezó a retorcerse como gusano sobre mí. De nuevo la luz blanca, dolor.
Ahora, mientras los pequeños seres me visten con la ropa ceremonial, me pregunto si lo mejor hubiera sido dejarme devorar por aquél ser. Soy como una especie de reina a la que adoran estos seres de gran inteligencia, pero de asqueroso aspecto. Era una prueba y el experimento en mi cuerpo fue para convertirme en una de ellos. Me miro al espejo y trato de hallar los últimos rasgos humanos en mi rostro, maldigo una vez más la luz que entró en mi vida.