viernes 8 de mayo de 2009
Relato 22: Estremecida en la cama
[Nix Galith]
Y de pronto abrí los ojos.
Me quede mirando fijamente el techo, que estaba conformado por pulcras baldosas blancas. Estaba tratando de hilar ideas y recordar donde estaba.
Todo era muy raro: escuchaba un vago pero persistente rumor, sentía el cuerpo muy pesado, me costaba mantener los ojos abiertos. Me sentía muy confundida.
De pronto un grito de alarma, surgido de aquel ruido confuso que escuchaba, me sobre saltó.
“¡Despertó! ¡Esta despierta!”
Un par de rostros curiosos se interpusieron entre las baldosas blancas que observaba, y yo.
Parpadeé un par de veces, e intente incorporarme en la cama, pero me fue inútil.
“¡Es un milagro”!, escuché gritar a una joven rubia que me miraba con ojos llorosos. Jamás la había visto, pero tenía cierto aire familiar.
“¿Qué sucede?”, pregunté
“Señora”, dijo alguien que supuse era un doctor, “Usted acaba de despertar de un coma de 7 años. Y justo el día que íbamos a desconectarla”.
[Josefina Fuensanta]
Mis ideas eran confusas, negros nubarrones entre imágenes imprecisas, flash en blanco y negro y un tremendo dolor de cabeza, mis miembros no me respondían, era solo un pensamiento en un envoltorio inerte.
En un trasfondo de mil ruidos no determinados, voces desconocidas solo quería oír una palabra amiga.
Esperanza de sentirme viva, pero por mas que intentaba moverme era inútil, mi cuerpo estaba paralizado.
Una cara se acerco muy cerca y con una suave voz me dijo:
"No se mueva, intente descansar y después hablaremos"
Se hizo un silencio total en la sala, la luz se oscureció. Yo intente recordar que había pasado, intente entender quien era y que me sucedía, presentía que había tenido un accidente.
Los flash se hicieron mas repetitivos y persistentes, entonces empecé a ver unas imágenes apenas descriptibles en medio de una nebulosa, vi...vi como una mano se alzaba con algo punzante....vi...una cara...esa cara... ¡OH!, no, no, no podía ser, era... ¡mi marido!
[Erath J.H.]
Y recordé entonces de quién huía. De los últimos días a su lado, los maltratos, las humillaciones y mis planes para dejarlo. La chica rubia, seguía siendo su amante después de tantos años. Pero no podía recordar con exactitud de qué manera había ocurrido el accidente. No podía mover un solo músculo. Tanto tiempo sin usar el cuerpo lo había atrofiado. Nada más tratar mover un dedo, era muy doloroso. Como si no hubiera estado en un profundo sueño durante tanto tiempo me quedé dormida. Al despertar, escuché de nuevo la voz que me era tan familiar.
Esta vez el flash vino con tanta violencia que una especie de corriente eléctrica sacudió mi cuerpo.
Estaba yo en la cocina, sirviendo la cena. A uno de los platos le vaciaba un polvo amarillento, arsénico. Tomé los platos y salí hacia la sala. Ahí estaba, él. Con su sonrisa estúpida de siempre. Luego el golpe en la cara, sus gritos diciéndome lo estúpida que era, que ni siquiera era capaz de matarlo. Más golpes y entonces el cuchillo que le marcó la mitad del rostro. Salí hacia la calle y huí en el auto, sin recordar que le había estropeado los frenos por si el veneno fallaba. Luego el vuelo del auto al despeñarse en la primera curva. Y dolor, mucho dolor.
-Despertaste, querida- dice la voz.
Yo quiero gritar, pero no puedo.
-Ya verás que nos llevaremos mejor...
Y de pronto abrí los ojos.
Me quede mirando fijamente el techo, que estaba conformado por pulcras baldosas blancas. Estaba tratando de hilar ideas y recordar donde estaba.
Todo era muy raro: escuchaba un vago pero persistente rumor, sentía el cuerpo muy pesado, me costaba mantener los ojos abiertos. Me sentía muy confundida.
De pronto un grito de alarma, surgido de aquel ruido confuso que escuchaba, me sobre saltó.
“¡Despertó! ¡Esta despierta!”
Un par de rostros curiosos se interpusieron entre las baldosas blancas que observaba, y yo.
Parpadeé un par de veces, e intente incorporarme en la cama, pero me fue inútil.
“¡Es un milagro”!, escuché gritar a una joven rubia que me miraba con ojos llorosos. Jamás la había visto, pero tenía cierto aire familiar.
“¿Qué sucede?”, pregunté
“Señora”, dijo alguien que supuse era un doctor, “Usted acaba de despertar de un coma de 7 años. Y justo el día que íbamos a desconectarla”.
[Josefina Fuensanta]
Mis ideas eran confusas, negros nubarrones entre imágenes imprecisas, flash en blanco y negro y un tremendo dolor de cabeza, mis miembros no me respondían, era solo un pensamiento en un envoltorio inerte.
En un trasfondo de mil ruidos no determinados, voces desconocidas solo quería oír una palabra amiga.
Esperanza de sentirme viva, pero por mas que intentaba moverme era inútil, mi cuerpo estaba paralizado.
Una cara se acerco muy cerca y con una suave voz me dijo:
"No se mueva, intente descansar y después hablaremos"
Se hizo un silencio total en la sala, la luz se oscureció. Yo intente recordar que había pasado, intente entender quien era y que me sucedía, presentía que había tenido un accidente.
Los flash se hicieron mas repetitivos y persistentes, entonces empecé a ver unas imágenes apenas descriptibles en medio de una nebulosa, vi...vi como una mano se alzaba con algo punzante....vi...una cara...esa cara... ¡OH!, no, no, no podía ser, era... ¡mi marido!
[Erath J.H.]
Y recordé entonces de quién huía. De los últimos días a su lado, los maltratos, las humillaciones y mis planes para dejarlo. La chica rubia, seguía siendo su amante después de tantos años. Pero no podía recordar con exactitud de qué manera había ocurrido el accidente. No podía mover un solo músculo. Tanto tiempo sin usar el cuerpo lo había atrofiado. Nada más tratar mover un dedo, era muy doloroso. Como si no hubiera estado en un profundo sueño durante tanto tiempo me quedé dormida. Al despertar, escuché de nuevo la voz que me era tan familiar.
Esta vez el flash vino con tanta violencia que una especie de corriente eléctrica sacudió mi cuerpo.
Estaba yo en la cocina, sirviendo la cena. A uno de los platos le vaciaba un polvo amarillento, arsénico. Tomé los platos y salí hacia la sala. Ahí estaba, él. Con su sonrisa estúpida de siempre. Luego el golpe en la cara, sus gritos diciéndome lo estúpida que era, que ni siquiera era capaz de matarlo. Más golpes y entonces el cuchillo que le marcó la mitad del rostro. Salí hacia la calle y huí en el auto, sin recordar que le había estropeado los frenos por si el veneno fallaba. Luego el vuelo del auto al despeñarse en la primera curva. Y dolor, mucho dolor.
-Despertaste, querida- dice la voz.
Yo quiero gritar, pero no puedo.
-Ya verás que nos llevaremos mejor...
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