En algunas novelas de Agatha Christie, el asesino suele ser el mayordomo, eso lo sabe todo el mundo, pero esa hipótesis no resulta muy válida en esta ocasión. ¿Qué por qué? Muy fácil: el fiambre es el mayordomo y, además, esto no es una novela de Agatha Christie.
He interrogado a todos los habitantes de la mansión y hasta el momento no he podido atisbar ninguna fisura de importancia en las coartadas que me ha proporcionado cada uno de ellos. A la hora del crimen, el jardinero estaba encamado con la camarera, y me lo pudieron demostrar con una peliculita que se habían hecho, “para recordar el momento”, en la que salía la hora, aunque eso es verdad que se puede trucar. La cocinera había ido al cine con su novio, a ver “Terminator Salvation”, y después se fueron a bailar salsa. Tienen testigos de todo ello. Los señores habían salido a cenar con unos amigos, y el chófer los había llevado. No ha venido repartidor alguno en los dos últimos días, y nadie extraño a la casa ha sido visto por los alrededores.
Ahora estoy esperando al ama de llaves.
[Enna]
Sé que no vendrá… Hace apenas un par de minutos he recibido un mensaje, en estos momentos, lo estoy leyendo. Unas letras oscuras en un fondo blanco iluminado en mi móvil, me dicen lo siguiente “Mira por la ventana, pero primero mira hacia atrás, siempre mira hacia atrás, sé como la mujer de Lot” Por supuesto hago caso al mensaje, aunque me lo envían desde una página gratuita y tendré que consultar a un colega antes de saber a quién pertenece dicha cuenta.
Me acerco al ventanal,
el día está lúgubre y la niebla empieza a rodearlo todo; el ambiente está teñido de azul, hasta el marco de la ventana parece azul. Pero me estremezco sólo de pensar lo apartado que está todo esto, ya que esta cala del mediterráneo no es un lugar ideal para veranear. Observo si hay algo fuera de lugar más allá de los cristales y entonces veo que en la playa flota el cuerpo de una mujer con un manojo de llaves atadas al cuello. Han pasado un par de horas. El cadáver era del ama de llaves a la que habían atado con una maroma al tronco de un árbol, para que la corriente no se lo llevara. Sea quién sea, el asesino o asesina quiere que sepamos pronto quién es.
Suena mi teléfono y al otro lado de la línea está Diego, mi colega, dice que la cuenta pertenece a un tal Carlos Valerio. Nos reímos, siempre nos reímos de los nombres compuestos. Más que pertenecer, pertenecía al mayordomo al que hoy han asesinado... o tal vez no. Alguien la ha usado en su lugar. Y por lo que supongo, alguien de su confianza. La cosa está complicada y creo que necesitaré la ayuda de otro de mis colegas, mi gran amigo Néstor.
[Ana María Arroyo]
"La mujer de Lot..." Exáctamente así me sentía.
Volví a marcar el número de Néstor sin suerte, fuera de cobertura, ¡estúpido! ¿Por qué nunca estaba cuando más falta me hacía? Comencé a sentirme extrañamente sola mientras la brisa me traía olor a muerte. Decidí atar cabos sueltos: mayordomo estrangulado con corbata de seda, ama de llaves flotando en aquella preciosa cala como un despojo deforme. Desde luego fuese quién fuera el asesino, seguro que andaba cerca. Me sentía cada vez más sola y acaricié instintivamente la funda de mi revólver. Marqué de nuevo el número que me aclararía la mente y los nervios,... nada..., no hubo respuesta.
De pronto mi mente revolvió de nuevo aquellas palabras del mensaje misterioso "mira hacia atrás, siempre hacia atrás”. Un crujido del picaporte de la puerta me alertó, volví la cabeza y allí estaba. El puzzle encajado. Unos ojos conocidos pero diferentes, malignos, unas manos aún manchadas de sangre, empapado en agua de mar, impregnado de un hedor irrespirable... ¡¡NÉSTOR!!
Mi cabeza hilvanó de repente todas las respuestas en un segundo, en el mismo momento en que él se abalanzó sobre mí. La lúgubre luz azulada sufrió un destello blanco, un atronador silbido en la silenciosa oscuridad. Néstor cayó a mis pies, inerte y arrebatado de toda maldad, nunca en mi vida me había sentido tan mal.
¡¡¡CORTEN!!!
- ¡Menudo alivio! Por fin, descanso para comer en un duro día de rodaje.
Suspiré relajada.








