Ya puedes descargar el libro "Luz de luna";                                      Únete a nuestro grupo en Facebook y podrás, entre otras cosas, comentar y criticar cada uno de nuestros relatos así como interactuar con sus creadores                                      Para evitar errores ortográficos y de redacción aconsejamos que escribas tu comentario en un procesador de texto aparte y después lo copies y pegues en el blog.                                      Si escribes sobre nosotros en tu blog o Web, háznoslo saber (foro, e-mail o Facebook) y te incluiremos un enlace en nuestra sección "Sala de prensa".

miércoles 21 de octubre de 2009

Relato 75: Me voy a la playa

[Pablo]
No, no me estaba entrometiendo, esto no es lo que parece…

Vale, sí que me estoy entrometiendo. De hecho, me llevo entrometiendo desde que lo conozco. Sí, lo admito, lo amé con locura y aún lo sigo amando. Lo amo desde que teníamos diez años y jugábamos en el parque. Pero él nunca me amo, ¡qué va! Él siempre se fue con niñas más bellas que yo. Para que voy a estar con cosas, soy fea: mi nariz aguileña, mi ligero sobrepeso y mi piel agrietada no alcanzan los estándares de belleza de este mundo. Eso lo tengo asumido, ya no lloró por eso. Siempre seré la amiga especial de Javier pero sé que nunca me considerará como algo más que una amiga. Sin embargo esta vez ha ido demasiado lejos, y aunque aquí estoy otra vez aquí salvándole el pellejo, prometo que esta será la última vez.

Esta es la razón por la que voy en el metro junto a Sofía, su ex-novia. La odiaba, por supuesto, pero ahora la estoy ayudando. Vamos en dirección a la estación de trenes, ella va a pasar una temporada junto a sus padres. Javier le puso lo cuernos hace unas semanas con Rebeca, su mejor amiga. Bastante cliché, ya lo sé, Javier es un cerdo. Tanto era el odio y la rabia que Sofía sentía cuando lo supo, que mandó mensajes con amenazas incluso de muerte a Rebeca. Ahí es donde comencé a entrometerme. Hablé con Sofía y la convencí de que se fuera de la ciudad por una temporada hasta que todo pasará. Me costó, pero finalmente acepto mi idea. Y aunque tenía el presentimiento de que algo iba salir mal, nunca imaginé que las cosas se complicarán tan pronto.

Habíamos llegado a la estación. Las puertas del metro estaban a punto de abrirse cuando de pronto me doy cuenta que ella está al otro lado. ¡Ella! Con lo grande que es esta ciudad y teníamos que encontrárnosla justo aquí… ¡Joder! ¿Ahora qué hago?

[LOREA OTSOA HONORATO]
Lo primero que se me ocurre es tratar de desviar la atención de Sofía, en el estado en el que se encuentra, si la ve, es capaz de ahogarla en mitad del vagón. Sin embargo Rebeca está demasiado cerca, junto a las puertas, y no hay motivo racional o lógico para dirigirnos hacia otra entrada, hay demasiada gente en el andén, sería estúpido. Y ahí me veo, buscando en mi mente una forma de evitar la pelea entre las dos mujeres que se disputan al hombre que siempre he amado, ¿puedo ser más ridícula? Finalmente, desesperada, finjo torcerme un tobillo, de este modo consigo al menos que Sofía se centre en mis pies y no mire al frente. Logro lo que busco, ahora mi plan es dejar que pase el tiempo para que el metro cierre sus puertas y se aleje. No está mal para habérseme ocurrido de golpe.
Sofía me palpa el tobillo, y yo exhalo un grito fingiendo un dolor agudo que no siento, después ya pensaré en cómo zafarme de tener que ir a que me revise un médico o algo por el estilo, seguro que se empeña en que lo haga. Pero no he calibrado bien las consecuencias de mi grito, y éste ha sido escuchado por demasiadas personas que se arremolinan a mi alrededor llamando la atención, ¿será posible? La gente nunca te ayuda cuando realmente lo necesitas...
En ese momento, una voz femenina se materializa a mi lado:
- ¿Te sientes bien? - pregunta, y al alzar la vista veo, agachada junto a nosotras, a la mismísima Rebeca.
De pronto ella y Sofía se miran reparando la una en la otra, destellos de ira salen de los ojos de la segunda, y yo me echo a temblar...

[JOSE ANDREU]
Tras un escueto - hola, rebeca vuelve a mirarme.
- ¿Te duele mucho?
Yo todavía estoy intentando ordenar mis ideas.
- Si... no, no, no me duele mucho, creo que puedo levantarme.
Sofía se adelanta a Rebeca y dejándola con la boca abierta, espeta:
- No necesitamos tu ayuda, gracias.
Agarrándome por las axilas tira de mi con todas sus fuerzas, que no son muchas, terminamos las dos en el suelo, ella con su espalda en el piso y las piernas hacia arriba, y yo sobre ella, emulando el dibujo que hay en el panel de publicidad de el interior del vagón, que anuncia una exposición sobre el erotismo en el arte hindú.
Rebeca nos tiende su mano sonriendo amablemente, aunque, no creo que Sofía lo interprete así, su cara esta roja y sus ojos parecen estar apunto de disparar rayos asesinos a nuestra salvadora.
- Tranquila Sofía - dice Rebeca mientras me agarra las manos y tira de mi firmemente, me levanta en un segundo, luego ofrece su mano a Sofía que la rechaza agarrándose al respaldo de un asiento.
Las tres en pie nos miramos en silencio, este segundo duro tres días.
Finalmente, Rebeca dice:
- Vamos a sentarnos.
Y eso hacemos, yo en el centro, como si fuera el árbitro de un combate de boxeo, la vista fija en mis rodillas.
Entonces Rebeca dice:
- Sofía, estaba deseando hablar contigo, y pedirte perdón, entiendo tu enfado...
- ¡JA!
Corta Sofía levantando la cabeza como si quisiera que todo el mundo la oyera, y así era.
- Tú no entiendes nada.
- Déjame que te explique, Javier es un manipulador, me hizo creer que tú te acostabas con su hermano mayor, y que los dos os reíais de él, consiguió que te viera como a una arpía insensible y a él como la pobre víctima de unos seres sin sentimientos, luego comprobé que mentía mas que hablaba, -Sofía ha vuelto a enrojecer- hasta que al final intentó acostarse con Maite, mi profesora de yoga, le mande a la mierda, quería hablarte pero tus mensajes me asustaron un poco, bueno, bastante.
- Lo siento, es que lo pasé muy mal, no entendía como me podíais haber traicionado los dos, me sentía como un trapo tirado en la carretera, incluso había decidido marcharme un tiempo de la ciudad para olvidar todo esto, no creo que pudiera soportar volverlo a ver.
- Tranquila - dice Rebeca - no lo volverás a ver, se marchó ayer mismo, hoy he recibido un correo suyo, dice que esta en Cádiz, trabajando,
dice que se pidió el traslado para alejarse de una mujer que le estaba destrozando el alma desde que era pequeño, que es su verdadero amor, pero ella nunca le ha visto más que como su amigo especial, que se joda.
Las dos se abrazan sobre mi regazo llorando a moco tendido, yo les palmeo la espalda consolándolas, mientras mi cabeza ya está en Cádiz.