jueves 5 de noviembre de 2009
Relato 77: Relato para halloween
[LOREA OTSOA HONORATO]
La humedad de aquella noche de difuntos, era tan espesa, que podía cogerse entre las manos. Los aullidos de los perros, embravecidos por la luna llena, formaban una inquietante melodía a que se deslizaba lenta a lo largo de las intrincadas calles de la ciudad, nadie en su sano juicio osaría pisarlas. Sin embargo una silueta solitaria, se trasladaba de esquina en esquina agazapada, envuelta en ropajes negros, con capa y sombrero de fieltro, la siniestra criatura rondaba la oscuridad de la noche al acecho, estaba sedienta, y soñaba con la presencia de un incauto que le proporcionara el elixir que precisaba.
Con mirada de lince, escrutaba las callejuelas, aguzando el oído para distinguir cualquier sonido que destacase de entre los persistentes aullidos. Todo estaba desierto, las gentes se habían apresurado en buscar refugio aquella aciaga noche. Olfateó el aroma frío de la atmósfera, era capaz de desfragmentar cada uno de los olores existentes a un kilómetro a la redonda. Nada de particular. Esto le enfureció…
[Josefina Fuensanta]
En el extremo contrario de la ciudad otra figura lúgubre se mueve en la oscuridad y se esconde entre las sombras nocturnas de las angostas callejuelas.
Cubierta de una larguísima capa negra, se mueve por los callejones recónditos y perdidos en busca de una víctima propicia a su gusto.
Su cara apenas perceptible está cubierta por un viejo antifaz y sus manos están enfundadas en unos guantes de fieltro antiguo.
Su cuerpo encorvado se dobla hacia delante, se diría que se va a precipitar en el suelo a cualquier tropiezo.
Se desplaza en la negrura de la noche sigilosamente sin querer hacer ruido, pero su capa suena a tétrico murmullo de murciélagos fantasmales.
[Blanca Ramiro]
En el silencio de la noche, quería indagar sobre estos dos sueños, que paralelamente, pululaban por mi mente. Puede que sean pesadillas... quién sabe.
Lo cierto es que notaba el frío de la humedad de la noche, y eso era real. Me imaginaba un cuerpo encorvado, oscuro, que deambulaba como un espectro. Creo que esto, también era real.
En ese mismo instante, desperté, disfrutando del vértigo que mi mente había aportado a mis sueños... a mis pesadillas....a mi percepción.
La humedad de aquella noche de difuntos, era tan espesa, que podía cogerse entre las manos. Los aullidos de los perros, embravecidos por la luna llena, formaban una inquietante melodía a que se deslizaba lenta a lo largo de las intrincadas calles de la ciudad, nadie en su sano juicio osaría pisarlas. Sin embargo una silueta solitaria, se trasladaba de esquina en esquina agazapada, envuelta en ropajes negros, con capa y sombrero de fieltro, la siniestra criatura rondaba la oscuridad de la noche al acecho, estaba sedienta, y soñaba con la presencia de un incauto que le proporcionara el elixir que precisaba.
Con mirada de lince, escrutaba las callejuelas, aguzando el oído para distinguir cualquier sonido que destacase de entre los persistentes aullidos. Todo estaba desierto, las gentes se habían apresurado en buscar refugio aquella aciaga noche. Olfateó el aroma frío de la atmósfera, era capaz de desfragmentar cada uno de los olores existentes a un kilómetro a la redonda. Nada de particular. Esto le enfureció…
[Josefina Fuensanta]
En el extremo contrario de la ciudad otra figura lúgubre se mueve en la oscuridad y se esconde entre las sombras nocturnas de las angostas callejuelas.
Cubierta de una larguísima capa negra, se mueve por los callejones recónditos y perdidos en busca de una víctima propicia a su gusto.
Su cara apenas perceptible está cubierta por un viejo antifaz y sus manos están enfundadas en unos guantes de fieltro antiguo.
Su cuerpo encorvado se dobla hacia delante, se diría que se va a precipitar en el suelo a cualquier tropiezo.
Se desplaza en la negrura de la noche sigilosamente sin querer hacer ruido, pero su capa suena a tétrico murmullo de murciélagos fantasmales.
[Blanca Ramiro]
En el silencio de la noche, quería indagar sobre estos dos sueños, que paralelamente, pululaban por mi mente. Puede que sean pesadillas... quién sabe.
Lo cierto es que notaba el frío de la humedad de la noche, y eso era real. Me imaginaba un cuerpo encorvado, oscuro, que deambulaba como un espectro. Creo que esto, también era real.
En ese mismo instante, desperté, disfrutando del vértigo que mi mente había aportado a mis sueños... a mis pesadillas....a mi percepción.
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